El día está gris. Llueve suavemente. Hoy es un día para despertar acompañado y quedarse remoloneando entre las sábanas. Para buscar a tientas el cuerpo del otro. Para ir despertándose y excitándo a la pareja o viceversa. Para empezar el sexo sin distinguir si es sueño o realidad. Para hacerlo al principio casi sin darse cuenta, suavemente, e ir subiendo la intensidad a medida que el deseo y la conciencia aumenta. Para abrir los ojos sólo al oir como te ríes ya satisfecho. Y quedarnos abrazados, a gusto entre las sábanas, oyendo la lluvia. La satisfacción y el sonido monótono nos acunarían, y nos quedaríamos dormidos un poco más. Despertaríamos con sed y me levantaría para traerte un zumo de naranja, que beberías en la cama, sin intención de salir. Yo regresaría al calor de tu cuerpo y empezaríamos otra vez el juego de tocarnos, el juego de excitarnos, el juego de buscar y dar placer. Me penetrarías de nuevo, esta vez con más intensidad, sería todo muy rápido. Y otra vez los cuerpos pensarían estar satisfechos por un rato. Quizás hablaríamos de algo intrascendente antes de volver a quedarnos dormidos.
A mediodía nos entraría el hambre, y medio desnudos, vagaríamos por la casa buscando algo de picar, algo rápido, goloso, con lo que pudiéramos jugar: unas fresas, chocolate ... hacemos una fondue de fruta? Comeríamos con las manos, perdiendo las fronteras entre tu cuerpo y el mío. Entre tu boca y la mía. Entre el placer de la comida y el placer del sexo. Sería un polvo-comida largo, divertido, placentero. Terminaríamos de nuevo en la cama, somnolientos, dispuestos para soñar el uno con el otro.
A media tarde, despejados de la siesta, veríamos una película de video, entrelazados en el sofá, acariciándonos dulcemente porque nos resistiríamos a separar tu piel y mi piel. La película, la que fuera, tendría alguna escena de sexo y entonces las caricias subirían de ritmo. Las manos se moverían con intención, la respiración se nos aceleraría. Empezaríamos una exploración ansiosa, ajenos ya a las imágenes en la pantalla. Follaríamos en el sofá, en el suelo, de pie contra la pared, cabalgando yo encima o dándome la vuelta para sentirte tu peso sobre mi espalda. Y de nuevo, vuelta a la cama, a terminarlo, a sentirnos tan satisfechos y felices que hasta nos entraría cargo de conciencia por no haber aprovechado el día mejor. ¿Mejor? :-)
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1 comentario:
Mejor imposible
Esto es más que poesía, más que escribir sentimientos. Es hacer letras las sensaciones y el placer de tu cuerpo con el mío
:-*
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