miércoles, 16 de abril de 2008

Calenturas y autoengaños

Hace un tiempo tenía yo una relación con un hombre casado. Un día le pregunté cuánto iba a durar lo nuestro. Me contestó, mientras me arrancaba la ropa, "hasta que se me pase la calentura que tengo por vos". Yo entonces estaba muy enamorada y creí que no lo decía en serio porque le suponía tan enamorado como yo. Luego me di cuenta de que ésa fue, probablemente, la vez que más cerca estuvo de ser sincero conmigo. Y sin embargo, también se equivocó, porque no sólo no se le pasó la calentura sino que se acabó enamorando, dejando a su mujer y proponiendóme matrimonio. ¡Qué paradoja! Yo me engañé pensando que me mentía y el se engañó pensando que me decía la verdad.

Y es que el cerebro no está para descubrir la verdad, sino para ayudarnos a sobrevivir. Y habiendo evolucionado de un entorno donde había que sobrevivir encontrando comida, abrigo, una pareja para reproducirse y no caer en las garras de los depredadores, es lógico que nuestro cerebro no sea muy hábil en los temas sentimentales, donde los instintos no ayudan demasiado. Así que los autoengaños están a la orden del día; las confusiones entre lo que queremos y lo que queremos querer nos crean dolores de cabeza; los malentendidos y las diferencias entre el amor, el cariño, el deseo, el miedo a la soledad, la rutina bien entendida, el compromiso ... son tan sutiles y tan difusas, que a veces somos incapaces de ver las fronteras. Y todo eso dentro de la cabeza de uno mismo. Ya no hablamos de las diferentes interpretaciones cuando hay dos. O más :-)

ps: sí, es verdad el post no va de sexo, aunque el sexo es uno de los grandes intoxicadores que nos autoengaña y nos hace creer que estamos enamorados ... ya volveremos a él

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